Tengo la impresión que resulta cierta la sentencia que asevera con propiedad que cada uno de nosotros proyecta lo que en cierta medida lo exterior o el entorno ejerce en nuestra vida. Por eso, quedarse con lo bueno (categoría un tanto relativa) al parecer configura nuestra dimensión trascendental, axiológica, relacional, neuropsicológica y demás aspectos.
En una obra reciente de divulgación científica titulada "El Gran Diseño", el eminente físico Stephen Hawking emplea una analogía que a mi parecer aporta considerablemente algunas pautas para autoreflexionar en algo que llamamos "percepción de nuestro mundo". Él afirma que "el mundo traidor nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira"... esto se deduce cuando la analogía que presenta Hawking parte de suponer que nos pongamos en el lugar de un pez dentro de un cristal, este a su vez podría formular leyes físicas o teoremas del mundo a partir de la forma cómo el cerebro y su visión interactúan para percibir la realidad como fenómeno. Dichas formulaciones pueden ser catalogadas de verdaderas porque las condiciones ambientales y fisiológicas así posibilitan que capte un sin número de fenómenos, por ejemplo un objeto en movimiento libre sería observado por los peces
moviéndose en una trayectoria curva. Aunque serían leyes algo complejas,
los peces podrían formular leyes que desde su perspectiva distorsionada
siempre serían verdaderas.
Para nosotros los homínidos esto resultaría absurdo pero... ¿Quién asegura que nosotros tenemos la certeza absoluta para interpretar de modo exacto todo lo que acontece a nuestro alrededor? ¿Acaso nuestra actividad neural no es víctima de la limitante condicionadora de la realidad? de ser así... ¿Qué alcance e impacto evidencia dicha situación humana respecto a otros campos del conocimiento o de la vida?
A criterio personal es llamativo cómo el ambiente y las coyunturas resultan ser configurativas o integradoras en relación a nuestras dimensiones constitutivas humanas. De hecho, yo mismo al estar plasmando estas líneas están proyectando al mismo tiempo una serie de paradigmas o visiones las cuales han sido para mí concatenantes y de sintonización con algunos intereses, gustos, depuraciones, convicciones, entre otros, al punto de vivirme y experimentarme en compaginación con una serie de alternativas o concepciones del mundo al cual puedo volcar mis valoraciones. ¿Absurdo?... creo que el futuro y parte del presente irá dando su veredicto... eso ya no me corresponde a mí controlarlo.
Este sencillo entramado o camino de encrucijadas para el lector la sintetizo en una expresión de antaño y de carácter popular: "quédate con lo bueno..." pero al mismo tiempo diría que relativo en cuanto al constructo comunal-social que comprende y aplica como "bueno" aquello que para otros resultaría absurdo.
En lo personal lo "bueno" se balancea en la medida que se aproxime o compagine con las situaciones profundas que a escala axiológica al parecer vamos compaginando los seres humanos de diferente índole y entramado cultural reduciendo la brecha de las disparidades o disparates que al conjunto quizá escandalizan. Aun así es atrevido para mí asegurar este aspecto.
Todo esto para finalmente enlazar con una punto de pronta discusión ¿Qué iglesia? ¿Qué ecumenismo? ... insisto... "quédate con lo bueno", el resto ve depurándolo porque nos guste o no lo externo ha influido en nosotros...
Cuxil...